Poder personal

¿Por qué todos creemos tener la razón?

¿Por qué todos creemos tener la razón?

Si te quieres pelear con alguien, ya sabes que hacer, pon un tema en la mesa y defiéndelo como quién tiene la razón.

Hace mucho tiempo que llamó particularmente mi atención, el hecho de escuchar a personas hablando de cualquier tema con tanta seguridad que hasta parece que saben.

Son muy raras las personas con suficiente humildad (pensar que no somos mejores que los demás y ausencia de orgullo) como para hablar pensando en la posibilidad de estar equivocado.

Pero es increíble, ¿Has visto en un partido de futbol a gente orgullosa porque el irle al “Madrid” o al “Barcelona” significa estar bien? ¡Todos los demás que no le van a su equipo son unos tontos! ¡Como si esto se tratara de inteligencia! O ¿Has escuchado que irle a un partido político “X” en tiempo de elecciones es lo correcto y el que no piense así está mal?

Esto es debido a una seria necesidad del ser humano a sentirse aprobado en un grupo particular y apoyado en algún lado, a veces no importa donde, y ahí está el problema. El tema es opinar algo y tener razón.

También queremos tener la razón para no mostrar vulnerabilidad y no sentirnos tontos en frente de los demás, pues ante la patética enseñanza social de que debemos ser perfectos, resulta difícil o imposible aceptar debilidades, errores y falta de información, y mucho más si tienes una baja autoestima, esta no permitirá reconocer que te equivocas. ¿O… me equivoco…?

Déjame describir los 2 tipos de problemas que existen y que nos pueden orientar al emitir nuestras opiniones:

1) Problemas Convergentes. Tienen una mejor solución la sepas o no, es una solución única. Por ejemplo, ¿Cuál es el mejor camino para llegar al centro de México partiendo del lugar en el que estás? La respuesta a la mejor ruta existe, es solo una y la sepas o no, o tengas que rodear o ni siquiera sepas que México existe, hay una mejor ruta para llegar. Otro problema convergente es: ¿2+2? Tiene una respuesta correcta.

2) Problemas Divergentes. No tienen una mejor solución. Ejemplo, Vamos a México, pero ¿Para qué vamos? Eso tiene la mejor solución para ti y otra para mí. Tal vez tú quieras ir a las maravillosas playas de Cancún a asolearte, pero yo quiero ir a Oaxaca a comer un exquisito mole. ¿Quién está bien y quién mal? ¡Los dos bien! O ¿Qué está bien? ¿Irle a un equipo de futbol u otro? Es cuestión de gustos, lo que elijas es correcto.

El problema es que aun cuando nos damos cuenta que estamos equivocados, pero ya abrimos la boca en cantidad suficiente, nos empeñamos neciamente en buscar cualquier cantidad de argumentos para defender el punto y no ceder ante los demás; luego, a solas pensamos “uff, me equivoque, la verdad es que la otra persona tenía razón, pero ya ni modo, creo que no se dio cuenta”.

No pensamos en que tal vez sea un problema convergente del que no estamos enterados o no tenemos suficiente documentación y argumentos, o bien, un problema divergente en donde neciamente nos empecinamos en tener la razón, cuando ambas partes pueden tenerla.

Este tema puede ser muy largo y lo seguiremos tratando, por el momento te dejo algunos tips para reflexionar:

1. Documenta tus opiniones. Si vas a emitir una opinión acerca de lo que sea, asegúrate de ser no solamente la voz que más fuerte se levanta o el tono de voz que todos les gusta. Asegúrate de tener conocimiento verdadero acerca de lo que hablas, de haber leído y conocer más puntos de vista comparables antes de opinar.

2. Abre tus oídos. Dale valor a lo que dicen los demás y antes de estar pensando en lo que vas a responder, asegúrate de que comprendes bien lo que la otra persona quiere decir.

3. No tenemos para que exhibirnos. He estado en medio de platicas en donde quién más habla es quién menos información tiene, pero ¡ah! ¡Como nos gusta opinar y hacer como que sabemos! Mientras que quién yo sé que es una verdadera autoridad en el tema, solo permanece callado. ¿Cuál es la diferencia? La humildad y la verdadera modestia. Seamos humildes.

4. Se consciente de la realidad convergente y la realidad divergente. Asegúrate de que tus opiniones no estén puestas en algo que puede estar bien para ti y para otro no. Si a ti no te gustan las series de televisión, puedes estarle hablando a alguien que le ¡encanten! Analiza la convergencia o divergencia de la situación.

5. Recuerda que el sabio calla, y el que no sabe…

6. Hay que evitar ser de esos insoportables que creen que todo lo saben ¡hagámonos ese favor! Y si tienes enfrente a alguien así recuerda, que quién no razona, no razona y punto, quítate de ahí o te vas a dar de topes contra la pared.

7. ¿Qué es lo Radical aquí? Que tengamos un verdadero y genuino interés por aprender y encontrar la verdad, eso subordinará el interés por el lucimiento personal y maximizará nuestro crecimiento.

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Autor:




Mauricio Navarro

Psicoterapeuta Gestalt y Enfoque Centrado en la Persona por el Instituto Humanista de Psicoterapia Gestal SC.

Estudios en Terapia Racional Emotivo Conductual y autor de varios cursos on line para Terapia Radical y del eBook Transforma tu Poder Personal.

Es uno de los fundadores de Puntoziego y Terapia Radical®.



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